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A lo largo de nuestra vida hemos pasado, pasamos y pasaremos por infinitud de procesos de transformación. 

Resistirnos y negarlo es sufrir.

En estos pequeños o grandes duelos emerge el patrón con el que transitamos nuestros primeros cambios vitales:

  • nacer
  • dormir solos/as
  • primeras separaciones
  • la escolarización
  • destete

En función de cómo nos han acompañado hemos aprendido a temer, tolerar e incluso disfrutar los cambios.

Si te cuestan los cambios, mira a tu historia.

 

La Vida es cambio constante.

 

Ya sé que suena a cliché, pero en esencia, es así.

Esta naturaleza transformadora va un poco en contra de lo que nuestro cerebro persigue: la estabilidad, lo conocido y la rutina.

Por eso nos puede costar más o menos adaptarnos a nuevos hábitos y rutinas.

La clave es, si se puede, acompañar estas transformaciones con nutrición interna: cuidarnos mucho, tenernos paciencia, comprender el proceso.

Darnos todo aquello que no se nos dio cuando tuvimos que transitar entre espacios, lugares, rutinas, dinámicas, etc.

Y sobre todo, soltar la idealización de lo que tendría que ser o cómo se debería ver. 

Tenemos tanta presión por tener vidas perfectas que nos acabamos creyendo que son reales.

 

CÓMO ACTÚAN LAS CRIATURAS DELANTE DE LOS CAMBIOS

Lo normal, es que tiendan a agitarse, en función de su temperamento y del acompañamiento que reciban de nuestra parte.

Lo que está claro es que les pasa lo mismo que a nosotras, que cuando “se portan mal” es porque hay algo dentro suyo que hace que se sientan mal y esto es lo que tenemos que aprender a poder leer.

La única diferencia entre lo que les pasa a ellos/as y lo que nos pasa a nosotras es que como personas adultas, “en teoría” nosotras tenemos que estar en un proceso de maduración adquirido, y ellos están todavía en proceso de construcción interno, lo que significa que necesitan encontrar en nosotras esa presencia, esa mirada, y muchas veces esa paciencia, para poder regularse a través de nuestro ejemplo y a través de nuestra propia regulación adulta.

Lo que nos acaba pasando muchas veces es que ante ese comportamiento disruptivo, ante esa falta de adaptación a los cambios, lo que se nos activa cuando no ponemos un filtro consciente es la manera como nosotras fuimos acompañadas ante estas mismas situaciones cuando éramos pequeñas.

Es importante que cada vez que tu hijo o tu hija tienda a tener uno de estos comportamientos, le mires con curiosidad, para poder abrir un poco el telón y ver qué está pasando detrás de las bambalinas, y empezar a detectar que si se “porta mal” es porque hay un sentimiento profundo que hace que esté agitado.

 

Transitar los cambios del día a día nos hace más resilientes ante la vida.

 

Las transiciones entre etapas, momentos, relaciones, experiencias, deben ser honradas y ritualizadas. La clave está en: ni quedarnos estancadas por el miedo, ni pasar de una a cosa a otra como un pollo sin cabeza.

El equilibrio es la base de la salud mental.

Estoy segura de que hay momentos en los que te habrás parado a pensar “esta tapa por la que estamos pasando tan difícil, con tanto retos, durará para siempre…” y en el fondo sabes que no, que todas las etapas terminan pero que llegan otras nuevas, con sus retos, con sus cambios.

El quid de la cuestión es poder estar preparada para ser este elemento co-regulador, en esos cambios.

Hacerte consciente de que puedes sostenerles a lo largo de su desarrollo vital y a la vez mirarles con la confianza de que su autonomía les va a posibilitar transitar por aquellas etapas que vayan atravesando, va a ser la medicina que vais a necesitar como familia para poder integrar los cambios en vuestra vida.

 

En la serie, Això no es Suecia, en la que aparezco como actriz (pero haciendo mi trabajo) podemos ver un claro ejemplo que podemos diseccionar:

En el primer capítulo vemos a Mariana y a Sam explicando, en la primera terapia de familias, el caso de su hija mayor de 5 años, Lia, que delante de una serie de cambios, se extrañan de que esté tan agresiva, que miuerda, que esté confrontativa.

Lo que mi personaje les explica, es que todos estos cambios (mudanza, cambio de escuela, mamá que vuelve a trabajar y papá que se queda haciendo el rol de cuidador…) generan en esta niña, que todavía no tiene “pensamiento abstracto”, una sensación de pérdida, de mareo, de desestabilización, que no puede gestionar.

La única manera que tiene de encontrar un lugar de mayor fuerza y control, es ejerciendo esos actos de confrontación, como pueden ser morder, pegar a otros niños, retar a sus padres…

Y es importante que Mariana y Sam se den cuenta que esto tiene que ver con un proceso no acompañado, no bien gestionado, de un cambio y una transición importantes en la vida.

Mariana y Sam tendrían que sentarse e interrogarse profundamente para ver cuánta mirada auténtica y real están poniendo en las necesidades del día ante esta transición y cuánto acompañamiento se están dando a ellos mismos también como madre como padre.

Recuerda que si tienes hijos e hijas te va a ser más fácil sostenerles si lo haces contigo misma.

 

Si quieres profundizar en este tema te animo a adquirir mi Master Class sobre Cambios y Transiciones. 

Si quieres ver la serie Això no és Suècia, puedes hacerlo aquí.

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