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Género e Infancia

Con motivo del 8 de marzo hace ya un par de meses publicaba en mis perfiles sociales la necesidad que todavía existe en nuestra sociedad de que tengamos un día que visibilize que todavía existe diferencia entre géneros. Hoy quiero profundizar sobre este tema y explorar cómo afecta la diferencia de género en la infancia.

Nuestra sociedad es partiarcal, heteronormativa y sexista. Y los privilegios de un género sobre el otro, siguen estando en la agenda política de muchos estados actuales.

Me gustaría soñar… soñar en la posibilidad de que esta conciencia que ponemos encima de la mesa (y en las calles) cada 8 de marzo sea un trabajo en EQUIPO, donde nos juntemos para reivindicar la EQUIDAD, la SORORIDAD y la TRIBU.

Comprendo que el feminismo ha tomado diversos caminos y que algunos de ellos son totalmente opuestos. Sé que mi sueño es utópico, y a la vez, ¡qué maravilloso sería un lugar en el que el cuidado de la VIDA estuviera en el centro! Es como si me pudiera remontar a las culturas matrísticas pre-neolíticas de las que habla Maria Jimbutas en sus libros.

El género es una construcción social que vamos moldeando a medida que crecemos como personas. Vivimos en una sociedad en la que el género se equipara con el sexo y los genitales. Cada cuerpo, según su forma, tiene una expresión de género (que no es ni más ni menos que toda la carga del género puesta en atributos permitidos) que nos coloca en una categoría de «válida» o «desviada».

*Pero, ¿quién decidió cuáles de estos atributos actuales eran de cada uno de los géneros?

*¿Existen solamente dos categorías fijas?

*¿Qué te contaron acerca del género cuando crecías? ¿Sigues pensando lo mismo?

Muchas de nosotras nos hemos educado en la idea de que ser mujer es representar un modelo de fragilidad, de ser coqueta, de ser objeto deseado, de estar en la polaridad de los cuidados (siempre ajenos, no propios), de tener que pedir permiso para hablar, de tener que demostrar más nuestra capacidad para ser valoradas profesionalmente, de obviarnos en la narrativa (masculino genérico en el discurso), de ceder, de consentir sin desear, y un largo etcétera.

Cuando educamos a lxs niñxs, debemos poder revisar todo este bagaje; poner encima de la mesa todas estas cargas e introyectos junto con el baúl cerrado de los permisos que no nos hemos (o han) brindado. Cuando está todo allí presente, míralo.

*¿Qué es lo que te pesa demasiado?

*¿Qué es lo que no quieres que cargue tu hijx?

Este es nuestro trabajo: abrir, ventilar, redefinir y escribir una nueva narrativa que SUME y nos ayude a transformar lo arcaico, represivo, abusivo y limitante.

Y tú, ¿ya haces este trabajo con el género?

Te propongo una actividad para ti, mujer, para que encuentres un momento para conectar con aquello que te da FUERZA.

Recuerda que el “hacer NADA” es muy distinto del “no hacer nada”. ¿Te lo puedes permitir en algún momento?

Tómate unos segundos mientras lees esto para escuchar, desde tu tripa, qué es aquello que haciéndolo sientes que te FORTALECE, que te coloca en un espacio de PODER desde el que CUIDARTE es mucho más fácil.

¿Cuál es la actividad que te enchufa?

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