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Hablar de límites es hablar de la Vida misma:

  • el tiempo y los horarios
  • el dinero y los gastos
  • la longitud
  • el peso
  • las distancias

¿Cuántas caras tienen los límites?

Cuando criamos estamos constantemente pensando en los límites como una “restricción” a ciertas conductas o actividades que los peques hacen. 

Pero es esencial que transformemos la mirada para comprender que el límite va de la mano de la existencia misma.

Poner límites no es castrar, es ayudar a las más pequeñas a comprender las leyes del mundo que les rodea.

En nuestra propia infancia, es posible que hayamos recibido límites incoherentes o autoritarios.

Entonces, hemos hecho como un puente de creencias en que el límite se equipara a la castración.

Todo aquello que nos pasó en nuestra infancia o en la adolescencia sigue perpetuando esta idea de que los límites son represores y de esta manera seguimos mirando al límite como algo que nos hizo mucho daño y que no nos gustó en absoluto.

¿Pero qué pasaría si de repente empezamos a ver los límites como algo que nos cuida?

Como algo que nos da mimos, como algo que nos sostiene, como algo que nos hace bien.

Si de repente pudiéramos no oscilar entre una parte de límites muy represiva, autoritaria e incoherente y lo opuesto: la ausencia de límites y la permisividad absoluta.

¿Qué pasaría si encontramos un punto medio más conectado, más saludable, más equilibrado?

Igual que el agua de los ríos necesita sostén para fluir de manera coherente, sana y consistente, nosotras necesitamos lo mismo.

Necesitamos establecer puentes donde comprendamos que los límites son totalmente coherentes con la vida y están aquí para cuidarnos y ofrecernos esa libertad tan anhelada que estamos buscando para nosotras y para nuestra crianza.

Para ser agua y poderse adaptar de una manera saludable al entorno que les contiene, los niños y las niñas necesitan crecer con límites:

  • respetuosos: porque son adecuados a su etapa evolutiva
  • coherentes: porque tienen que ver con la acción o conducta que realiza
  • consistentes: son previsibles y esperados de la misma manera
  • medibles: porque permiten saber cuándo empiezan y cuándo acaban
  • sensibles: se adaptan a la capacidad de cada niño o niña

Y desde esta perspectiva, el agua no deja de ser lo que es pero puede fluir de un medio a otro.


Así es la salud mental de la infancia: debemos preservar su esencia y ayudarles a comprender cómo pertenecer al mundo que les rodea.


Límite es igual a: sostener, comprender, estar presente, mirar con amor.

Todas estas, son conductas que las personas adultas debemos ejercer para acompañar a los niños y a las niñas a corregularse, a comprender que muchas veces viven, sienten y sufren emociones internas que les impulsan a comportarse y actuar de una determinada manera, y todavía no tienen la maduración necesaria para controlar estas acciones e impulsos.

El acompañamiento amoroso a este tipo de conductas es suficiente para que lo llamemos límite.

Y ahora quiero analizar contigo el segundo capítulo de la serie Esto no es Suecia (aquí te dejo el CLIP de terapia familiar que no sale en la serie y que es terapia familiar real).

El caso de este capítulo trata de una mamá que quería que su hija fuera en la sillita del coche todo un trayecto y sin recibir pecho. Esta mujer estaba completamente determinada a hacerlo de esta manera. 

Lo que pasó es que para esta niña el trayecto era demasiado largo y el límite era demasiado “final”. 

No había recibido pequeños microlimites para poder ir entendiendo “lo que iba a llegar” y se le hizo demasiado. Así que lo que acaba pasando es lo que puedes ver en el clip.

La propuesta desde la Crianza Respetuosa es esta: 

Para llegar a los límites finales, tenemos que hacer pequeñas paradas en el camino.

Entender que los niños y niñas  tienen un proceso de comprender el límite, de adaptarse a los límites, de ir aterrizándolos a su a su vida cotidiana; y que esto es nuestra responsabilidad.

Y cuando empiezan a ser un poquito más mayores, a partir de los tres años y medio o cuatro,  podemos empezar a “negociar” con ellos y ellas.

Y negociar NO significa darles un menú de opciones.

Negociar significa, en función de la edad, decirles: cariño, ¿prefieres estos pantalones o estos otros? ¿prefieres servirte con esta cuchara o con esta otra?

Preguntas del tipo qué quieres ponerte para vestir o qué quieres de comer, son demasiado “grandes” para su edad psicológica.

Recuerda que los límites cuidan la vida y que los niños y las niñas necesitan ese sostén, ese canal por el cual fluir en salud, que eso va a depender de su edad y del momento actual y que seguramente con los años lo podemos ir ampliando y flexibilizando.


Los límites son una de las mayores dificultades de la crianza se llama: LÍMITES. Por eso espero que este artículo te sirva y te animo a que adquieras la
Master Class de preguntas y respuestas concretas sobre este tema. Aquí la puedes comprar.

Y aquí puedes ver el clip completo  de terapia familiar del capítulo 3 que no aparece en la serie.

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