Logo Elisenda Pascual i Martí

El miedo es uno de los básicos de nuestra existencia. Es una de las emociones que nunca podremos evitar sentir.

 

Ahora bien, ¿la expresaremos correctamente?

 

En función de cómo nos hayan corregulado cuando éramos pequeñas, tendremos más o menos herramientas para surfear el miedo en nuestra vida adulta así como para acompañar esta emoción en nuestros hijos/hijas. 

 

¿Te cuesta sostenerles cuando tienen miedos?

 

Sabemos que lo contrario del amor no es el odio, es el miedo. Así que cuando esta emoción no está bien acompañada nos secuestra el día a día y desarrollamos estrategias de supervivencia. Y esto no es vivir, porque desde el miedo estamos cerradas, angustiadas, nos ponemos rígidas y controladoras. 

 

Y pasamos de vivir a sobrevivir.

 

¿Te suena?

 

Lo primero a tener en cuenta es que los miedos infantiles son una parte natural del desarrollo emocional de nuestros hijos e hijas. 

 

Si en nuestra propia infancia, nadie nos enseñó cómo lidiar con nuestros miedos, y nuestras emociones fueron minimizadas, ignoradas o incluso ridiculizadas, puede que tengamos dificultades para estar presentes ante los miedos de nuestros hijos/as.

 

Acompañarles en sus miedos requiere una comprensión profunda de varios aspectos importantes:

 

En primer lugar, es crucial entender su etapa de desarrollo y su momento vital. Cada niño y niña enfrenta los miedos de manera única, influenciados por su edad, experiencias pasadas y entorno actual. Mirar a nuestros hijos con curiosidad nos permite comprender sus miedos desde su propia perspectiva, sin juzgar ni minimizar sus emociones.

 

Además, es fundamental examinar nuestra propia gestión de los miedos. Como adultas, también enfrentamos temores, y cómo los manejamos puede influir en cómo apoyamos a nuestras criaturas. Ser conscientes de nuestros propios miedos y trabajar en su gestión nos permite ser modelos de resiliencia y fortaleza emocional.

 

¿Qué pasa cuando hay una falta de corregulación ante los miedos infantiles?

 

La falta de corregulación puede tener una consecuencias significativa:

 

La desconexión de las señales que el cuerpo nos envía, perdiendo así la capacidad de atravesar el miedo de manera saludable. Nos quedamos paralizadas, bloqueadas ante la activación emocional que genera el miedo. Esta desconexión nos impide distinguir entre un miedo profundo y una oportunidad en la vida. 

 

  • el miedo natural, nos permite estar alerta cuando hay un peligro real

  • las oportunidades implican desafíos y cambios que pueden despertar sensaciones similares al miedo, pero no son bloqueantes. Son oportunidades de crecimiento y aprendizaje

 

Reaccionar con “miedo real” a una oportunidad de la vida significa vivir en modo supervivencia, lo cual afecta no solo al buen desarrollo de las relaciones vitales (amistad, familia, trabajo) sino que afecta al sistema nervioso y su funcionamiento regulador de todo el organismo.



En conclusión:

 

Acompañar los miedos en la infancia es más que simplemente consolar a nuestros hijos cuando tienen miedo. Es brindarles herramientas para enfrentar los desafíos de la vida con valentía y resiliencia. Es enseñarles que el miedo es una emoción natural, pero no tiene que definir sus acciones ni limitar sus sueños. Es empoderarles para que sepan que tienen la capacidad interna de superar los retos que se les presente en el camino.

 

Si quieres profundizar en la gestión y el acompañamiento de los miedos en la infancia te recomiendo que adquieras la Master Class sobre el miedo infantil en la que además de dar un marco teórico para que entiendas bien cómo es esta emoción y darte herramientas para lidiar en el día a día, respondo a muchas preguntas de familias reales sobre miedos frecuentes en sus hijos de entre 3 y 12 años:

 

miedo a la oscuridad, a los ladrones, a dormir a solas, a las pesadillas, a quedarse solos en casa, a la muerte, etc.

 

Accede a la Master Class desde aquí.

Compartir:
Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Email
WhatsApp

Últimos artículos

Suscríbete a la Newsletter