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Desde pequeñas, las personas necesitamos que nos preserven el vínculo entre lo que nos genera placer, entre lo que necesitamos y lo que el entorno nos da.

Estos primeros registros de buen trato, de amor, de cuidado y de sostén, son las memorias que vamos a tener a lo largo de nuestra vida para seguir buscando aquello que nos hace personas completas.

Así que, la manera como hemos sido criadas y educadas nos conecta con la vivencia o con la supervivencia.

Esto te interesa, sobre todo si ahora acompañas a niños y niñas.

Si desde pequeñas se nos ha mirado con amor, se nos ha sostenido, se nos ha ofrecido un apego seguro y se nos ha brindado placer en relación a nuestras etapas del desarrollo, esto nos ha dado un mensaje de que merecíamos abundancia y por lo tanto merecíamos el buen trato, ser amadas.

De esta manera hemos podido conectar con la vida desde la oxitocina, desde el placer de abrirnos, sabiendo obviamente donde estaban nuestros límites y donde estaba el lugar seguro.

Si por el contrario, nuestra crianza se ha basado en el miedo, en la ausencia, en la carencia y en el necesitar cosas realmente auténticas y no tenerlas (como la seguridad, abrazos, sostén, alimento…) hemos aprendido a generar corazas, a apretarnos y a sobrevivir.

 

Crecer en un entorno en el que constantemente se nos niega aquello que necesitamos y que, además, nos brinda placer, nos lleva a creer que la vida es esto: estar en tensión y “aguantar”.

De esa forma dejamos de estar abiertas y relajadas. Nuestro sistema cambia la oxitocina por la adrenalina de estar en guardia, preparadas para lo que llegue que nos genere amenaza.

Este vivir apartadas del placer genera una especie de “jurisprudencia emocional”. Y esta es la base de una existencia de desconexión de lo que merecemos por el simple hecho de existir: bienestar, abundancia y amor.

Cuando acompañas a niños o a niñas es muy importante que tengas claro de dónde partes;  si estás conectada con la vida es muy probable que te sea mucho más fácil comprender que las criaturas necesitan ese acompañamiento con el placer y con el buen trato para construir salud.

Si en cambio, tu crianza te ha llevado a tener muchas corazas que te conectan más con la supervivencia, es importante que sepas que desde ahí será tu resonancia cuando vayas a acompañar a tus hijos e hijas.

El apego seguro depende de nuestra relación con el placer. El apego seguro es la base de una salud mental saludable.

Zonas erógenas para cada etapa del desarrollo:

Acompañar el placer en el desarrollo infantil implica que tenemos que conocer cuál es la zona erógena más activada de cada una de estas etapas, para poder brindar una relación saludable con aquello que les genera bienestar.

  • En las primerísimas etapas, la zona más activada es todo lo que tiene que ver con los sentidos primarios: la vista, el olfato, la escucha, la piel, toda la sensibilidad; por eso el placer se relaciona con ese sostén, con estar cerca, con sentirse arropados.

  • Más adelante aparece la boca, la mordida, la succión y todo el placer que sienten en llevarse cosas a la boca. Como acompañantes, tenemos que poder facilitarles esas conexiones saludables, darles amparo, brazos, caricias, mirada cercana, susurros y darles objetos que se puedan poner en la boca y que puedan succionar y morder.
     
  • Después pasarán al control de los esfínteres: el placer que da el soltar y el retener a nivel de maduración de esfínter y de motricidad y todo lo que tiene que ver con el aprisionamiento. Recomiendo el trabajo con el barro y la plastilina, con la construcción plástica libre “no dirigida”, que permite a los niños y a las niñas experimentar el placer de dejar huella en el mundo así como lo hacen con sus propias heces.

  • Entre los tres y los doce años viene la etapa genital en la que tienen acceso a sus partes íntimas, ya que cada vez hay menos pañal y sienten que están preparados para generar placer; entonces es importante trabajar la “no castración” de estas dinámicas, y a la vez generar unos buenos límites y una buena relación con sus partes íntimas, para que no se confundan y no ejerzan este tipo de conductas en lugares o con personas que no son adecuados.

  • Y a partir de los 7 y 8 años este placer más corporal, más sensorial, se junta al placer del conocimiento, de la necesidad y la curiosidad que tienen de tener aprendizajes reales con personas que vibren con aquello que transmiten; eso les genera un placer inmenso.


Es vital poder acompañar a los niños y a las niñas en cada una de sus etapas con la “no desconexión” de aquello que les genera placer, aunque no siempre podamos darles lo que desean; que como mínimo podamos validarlo, reconocerlo y reconducirlo de la manera más saludable posible.

Si quieres tener herramientas para saber qué realmente necesitan, qué es importante que preservemos en cada una de esas etapas evolutivas, te recomiendo adquirir mi Master Class Placer Infantil y Salud Mental.

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